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Editorial de thierry Ehrmann

thierry EhrmannEl arte contemporáneo será siempre el inframince del mercado del arte: en constante tela de juicio por sus récords, su dificultad de lectura y su tendencia a la protesta que constituye su propia naturaleza.

Sus detractores, sin embargo, todavía no han comprendido que son los principales contribuidores de este mercado, tal y como dijo Marcel Duchamp acerca de la relación fusional entre el mercado y quienes lo critican.

Y ¿por qué un debate tan apasionante? La respuesta está a la vuelta de la esquina, si seguimos un enfoque racional, macro y microeconómico. Y si partimos del postulado, grabado ahora a fuego, de que el mercado del arte es rentable desde el comienzo del siglo XXI.

Una vez planteados la cartografía y los mecanismos del mercado del arte, súbitamente resulta más saludable y emocionante abordar el segmento del arte contemporáneo, y se otorga por primera vez al mercado del arte una instantánea de nuestro mundo y su futuro cercano.

Lo que caracteriza al artista, desde tiempos inmemoriales, es su capacidad para producir sus sentimientos como el espejo de nuestro mundo en evolución. Solo el mercado del arte contemporáneo permite este suplemento de alma y frescura del que los mercados del arte antiguo y moderno nunca se han acompañado. Es quizá en el corazón de esta brecha sociológica donde radican los secretos del éxito del arte contemporáneo, en un siglo en el que la ciencia y los descubrimientos están creciendo exponencialmente.

El arte contemporáneo también se puede comprender mediante leyes matemáticas, como la ley de Robert Metcalfe: « la utilidad del Mercado del Arte Contemporáneo en Internet es proporcional al número cuadrado de sus aficionados, coleccionistas, profesionales e institucionales ».

Para entender el crecimiento del 1370% producido en el arte contemporáneo desde el año 2000, es necesario analizar las palancas, a saber, la facilidad de acceso a la información sobre el mercado del arte y la desmaterialización de las ventas en Internet, con el 95% de los actores conectados principalmente por Internet móvil.

La financiarización del mercado también forma parte, necesariamente, del origen del crecimiento, con la desmultiplicación de los consumidores de arte (de los 500 000 de la posguerra hasta los 70 millones de 2015), su rejuvenecimiento y la ampliación del mercado a toda Asia, la zona del Pacífico, India, Sudáfrica, Oriente Medio y América del Sur. Nuestra ya larga colaboración con nuestro socio institucional chino, el Grupo Artron y AMMA (Art Market Monitor by Artron), presidido por Jie Wan, nos permitirá contar con una lectura del interior de Asia. Esta colaboración permite descifrar este continente donde está en juego el futuro del mercado del arte contemporáneo, porque acoge a una masa crítica de artistas de gran nivel.

Por último, la transformación del mercado a través de la industria de los museos (700 nuevos museos al año) se convierte en una realidad económica mundial en el siglo XXI. Se han construido más museos entre el año 2000 y 2014 que en los siglos XIX y XX juntos. Esta industria devoradora de piezas de museo es uno de los factores primordiales del espectacular crecimiento del mercado del arte. En 2016/2017, no menos de 1200 museos verán la luz en los cinco continentes. Y, evidentemente, el arte contemporáneo contará con presencia, o incluso con sobre-representación.

Mientras los bancos centrales se dedican a aplicar tipos de interés negativos que arruinan, literalmente, a los ahorradores, el mercado del arte muestra un estado de salud insolente, con un crecimiento del 1370% de los ingresos anuales solo en el segmento del arte contemporáneo en 16 años. Este crecimiento ha beneficiado al conjunto del mercado y no solo a los artistas estrella. El rendimiento anual medio es del orden del 9% en cuanto el precio de compra sobrepasa los 20 000 dólares.

Más allá de este hecho, el análisis sociológico muestra que los artistas contemporáneos han adquirido una gran madurez en su producción, así como una confianza en el mercado del arte. El viejo mito del artista maldito en vida parece haber desaparecido ahora. De forma similar, el adagio de que «solo un artista muerto es un buen artista» puede desaparecer en el olvido de la historia. Este 11º informe se sumerge en el corazón de esta apasionante cuestión.

A riesgo de repetirme, es necesaria una explicación feliz. El artista contemporáneo cumple con su nuevo papel, tal y como recalca el filósofo Giorgio Agamben: «Un artista contemporáneo es aquel que lleva en la cara el rayo oscuro de su tiempo».

Como fundador y presidente de Artprice, yo también soy escultor y artista plástico desde hace 34 años: la visión de Agamben es la que nos describe a nosotros, los demás artistas, de la manera más fuerte, más trágica, pero también más hermosa.

En todo el mundo estandarizado y globalizado de la aldea global, el artista contemporáneo nos trae esta espiritualidad, objeto de nuestra búsqueda permanente hacia una desmaterialización que conduce, sin discusión alguna, a un cambio de paradigma.

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